El egoísmo es la razón de muchos males que aquejan a la gente. El pobre no puede salir adelante, porque hay alguien que, cegado por la avaricia, quiere tener más, sin importarle el resto. Solo importa el.
Si la gente pensará menos en si mismos, y pudiese dedicar un instante a considerar las necesidades de quienes los rodean, muchas cosas cambiarían.
Así también, dentro de la iglesia, se da un fenómeno similar, tal vez por ignorancia - seguramente - o quizá por un deseo de sobresalir o de tomar algo que no le corresponde tener.
Cuando uno se pone a leer el evangelio de Lucas, es imposible no conmoverse con la humildad con que Jesús comienza su ministerio. "El Espíritu del Señor está sobre mí... Me ha enviado...". En ningún momento con un afán de superheroe, sino simplemente como un enviado del Señor a cumplir la obra que le fue encomendada. Ni siquiera para un disfrute personal, sino como un medio para bendecir a otros, y que esos otros puedan ser parte del reino de los cielos. Cosa totalmente distinta a lo que muchas veces, y desafortunadamente, muchas veces, toca ver. Personas que por medio del Espíritu de Dios hacen grandes cosas, toman para sí el reconocimiento, toman para sí todo lo que debería ser para Dios. Dios debe ser el centro de atención, no las personas. Y cuando las personas desean ser el centro de atención, son personas sumamente egoístas, sumamente ególatras, olvidan que es Dios quien es el centro de atención, olvidan que es a Dios a quien la gente necesita conocer. Si los cristianos se tomasen el tiempo de considerar las necesidades de la gente, verían que es a Dios a quien tienen que conocer, no la iglesia, no el método, no a la organización, no a las personas, no a los líderes. Estamos es una crisis de credibilidad producto de actitudes egoístas de personas, que en vez de apuntar a Dios, apuntan a si mismos.
Jesús declaró muchas veces, que el venia a servir, no a ser servido. El vino a mostrar al Padre.
A quien tenemos que mostrar es a Jesús, no a las organizaciones que se supone que muestran a Jesús, pero se muestran a si mismos. El Espíritu Santo nos ayuda en eso. El Espíritu Santo es para que Cristo sea glorificado y las personas se puedan acercar a Él, y no para que nosotros lo usemos de forma egoísta, para nosotros, para nuestro único provecho. Compartamos esta bendición. No seamos egoístas.

Toda la razón, loco. Nos está faltando esa importante cuota de humildad. Finalmente, la obra es de Dios. Buena reflexión!
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