Algo histórico para el fútbol chileno. Algo que siempre
fue esquivo, pero finalmente se logró. Incluso, tuvo un sabor aún más dulce,
pues se le ganó a Argentina, potencia mundial en cuanto a fútbol se trata. Pero
ya paso casi un mes de conseguida la copa, y aún hay personas que siguen
viviendo de la Copa América, la siguen saboreando, y aún no aterrizan, aún no
retoman su vida, aún no siguen adelante. Algo así como algunos hinchas de
Colo-Colo que siguen viviendo de la Copa Libertadores conseguida el año 1991, o
los hinchas de la U, que aún viven del recuerdo de la Copa Sudamericana
conseguida el año 2011.
Recordar es algo muy bonito, pues se pueden traer a la
memoria momentos de mucha satisfacción, como logros deportivos, el nacimiento
de los hijos, recordar el día en que el matrimonio se casó, ver fotos de las
vacaciones. Otra cosa distinta es vivir de los recuerdos, en donde mi identidad
está construida totalmente por lo que alguna vez pasó.
Muchos cristianos viven de los recuerdos. Recuerdan
cuando Dios los usaba, cuando Dios hacía cosas con ellos, cuando ellos sentían
la presencia de Dios, y no se mueven de ahí, porque en base a esos recuerdos
construyeron su identidad. Para ellos, Dios es el Dios de aquel entonces, el de
ahora, parece que anda en otra. Tal vez otros tuvieron una época en donde
vivían de los recuerdos, pero lograron aterrizar, y ahora están viviendo su
presente con Dios, y no viviendo de recuerdos del pasado, como queriendo tapar
la ausencia de la presencia de Dios con cosas que Dios hizo.
Si vivir del recuerdo de la Copa América se hace algo
habitual para el fútbol en Chile, quiere decir que se está tapando la ausencia
de éxitos, con un acierto del pasado.
Vivir de recuerdos espirituales, es básicamente, tapar la
ausencia de la presencia de Dios con recuerdos de la presencia de Dios en
tiempos pasados. Y eso es sumamente tóxico.

Loco, eso fue realmente duro. Creo que nos havemos dependientes de los buenos recuerdos. Necesitamos acercarnos hoy a Dios!
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